Jornada laboral de 40 horas: ¿a cuántos trabajadores beneficiará realmente la reforma en México?

Con el inicio del periodo ordinario de sesiones del Congreso de la Unión, el debate legislativo sobre la reducción de la jornada laboral a 40 horas semanales vuelve a tomar fuerza. La reforma tiene como objetivo que entre en vigor el 1 de mayo, una fecha simbólica para el ámbito laboral en el país.

Sin embargo, pese a la alta expectativa que ha generado esta propuesta, su impacto real podría ser más limitado de lo que se anticipa, debido a la estructura del mercado laboral mexicano y, en particular, al peso de la economía informal, que queda completamente fuera de los cambios a la Ley Federal del Trabajo (LFT).

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¿Quiénes serían los verdaderos beneficiarios?

La reforma está dirigida exclusivamente a las personas que cuentan con un empleo formal, tienen un solo patrón y actualmente laboran más de 40 horas a la semana. A este universo habría que restar a quienes trabajan en el sector público, ya que no están contemplados en la propuesta oficial, lo que reduce el alcance potencial en aproximadamente 636 mil personas.

Bajo estos criterios, la Secretaría del Trabajo y Previsión Social (STPS) estima que la reforma beneficiaría a 13.4 millones de trabajadores asalariados, es decir, aquellos que hoy tienen jornadas superiores a 40 horas semanales dentro del mercado formal.

Adicionalmente, existe un grupo de 9.6 millones de personas que ya cuentan con empleos formales, tienen un patrón y trabajan 40 horas o menos, por lo que no verían cambios en sus condiciones laborales una vez aprobada la reforma.

El papel determinante de la informalidad

El principal factor que limita el alcance de la reforma es la alta tasa de informalidad laboral en México. Las personas que trabajan bajo esta modalidad carecen de contrato laboral, protección legal y acceso a seguridad social, por lo que quedan excluidas automáticamente de cualquier modificación a la LFT.

Si se incluyera a quienes trabajan con un empleador —sin importar si el vínculo es formal o informal— y que laboran más de 40 horas semanales, el universo de beneficiarios se duplicaría, alcanzando a 31.3 millones de personas, lo que representa aproximadamente el 52% de la fuerza laboral del país. No obstante, este escenario no es viable sin una reforma estructural que atienda primero la informalidad.

Impacto diferenciado por sectores económicos

El efecto de la reducción de la jornada laboral no sería homogéneo entre sectores. De acuerdo con la distribución de la fuerza laboral formal, las actividades con mayor proporción de trabajadores que laboran más de 40 horas semanales —y que, por tanto, serían las más beneficiadas— son:

  • Corporativos: 62%
  • Minería: 59%
  • Comercio al por mayor: 54%

En contraste, los sectores con menor incidencia de jornadas prolongadas son:

  • Educación: 6%
  • Sector primario: 9%
  • Construcción: 15%

Diferencias regionales en el impacto de la reforma

A nivel estatal, el impacto potencial también es desigual. Las entidades con un perfil industrial más marcado concentran los mayores porcentajes de trabajadores formales con jornadas superiores a 40 horas, como:

  • Coahuila: 44%
  • Nuevo León: 42%
  • Chihuahua: 41%

En el extremo opuesto se encuentran estados como Oaxaca (10%), Guerrero (11%) y Chiapas (13%). Incluso entre las entidades con mayor población ocupada se observan diferencias relevantes: mientras en Nuevo León el 42% de los trabajadores formales supera las 40 horas semanales, en Jalisco (32%), Estado de México (27%) y Ciudad de México (24%) la incidencia es considerablemente menor.

Este escenario sugiere que la reforma podría tener un impacto relativamente mayor en entidades industriales medianas que en las grandes zonas metropolitanas.

El riesgo de profundizar la informalidad

Más allá de la vocación económica regional, la informalidad sigue siendo un factor decisivo. En un contexto donde el 47% de las personas que trabajan en la informalidad lo hacen dentro de empresas formalmente constituidas, cualquier reforma que incremente los costos del empleo sin atender este problema estructural corre el riesgo de incentivar aún más la informalidad.

Si el empleo formal se vuelve más costoso o menos accesible, la informalidad continuará funcionando como una válvula de escape. En ese escenario, la reducción de la jornada laboral a 40 horas podría terminar beneficiando a un grupo aún más reducido del que actualmente se proyecta, limitando el alcance social de una reforma que, en el papel, promete mejorar las condiciones laborales.


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Fuente: El Economista

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