Aunque vender productos entre compañeros puede parecer una práctica común e inofensiva para obtener ingresos extra, hacerlo dentro de la jornada laboral puede generar consecuencias laborales importantes. Dependiendo de las políticas internas de cada empresa y del impacto que esta actividad tenga en el desempeño del trabajador, las sanciones pueden ir desde una llamada de atención hasta un despido justificado.
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La legislación laboral en México no establece una prohibición expresa sobre la venta de comida, artículos por catálogo o productos entre empleados dentro del centro de trabajo. Sin embargo, sí existen disposiciones que permiten a las empresas regular ciertas actividades comerciales para evitar afectaciones al ambiente laboral, la productividad o la operación interna.
Por ejemplo, la Ley Federal del Trabajo contempla restricciones relacionadas con rifas, juegos de azar, colectas y propaganda dentro de los centros laborales. Además, muchas empresas incorporan en su reglamento interior normas específicas sobre el uso de instalaciones, herramientas y tiempo de trabajo, incluyendo limitaciones para actividades comerciales.
Especialistas en derecho laboral señalan que el problema principal surge cuando la venta de productos interfiere con las funciones para las que la persona fue contratada. Si durante la jornada laboral el trabajador dedica tiempo a comercializar productos, utilizar herramientas de la empresa para promocionarlos o generar conflictos entre compañeros, la conducta podría interpretarse como incumplimiento de obligaciones laborales o falta de probidad.
El uso de recursos de la empresa, como computadoras, correos electrónicos, teléfonos o canales internos de comunicación para actividades ajenas al trabajo, también puede derivar en sanciones disciplinarias si existe una política interna que lo prohíba.
No obstante, para que una empresa pueda sancionar formalmente a un trabajador, debe acreditar que la conducta afectó el desempeño laboral, la productividad o el ambiente de trabajo. Esto normalmente requiere evidencia, reportes internos o actas administrativas que documenten la situación.
En el caso de las ventas realizadas durante horarios de descanso o comida, el panorama puede cambiar. Durante esos períodos, el trabajador tiene mayor libertad para realizar actividades personales; sin embargo, las empresas aún pueden establecer límites dentro de sus instalaciones mediante reglamentos internos, siempre que dichas reglas sean claras y estén debidamente comunicadas.
Los expertos coinciden en que la mejor forma de evitar conflictos es regular este tipo de actividades mediante políticas internas claras. Más que prohibir completamente las ventas entre empleados, muchas empresas optan por establecer lineamientos específicos para prevenir afectaciones en la convivencia, la productividad y el clima organizacional.
Además, cualquier sanción debe estar prevista en el reglamento interior de trabajo. Si las restricciones únicamente se comunican de manera verbal y no existe un fundamento formal, la empresa podría enfrentar dificultades para justificar medidas disciplinarias en caso de un conflicto laboral.
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Fuente: El Economista
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